Me llamo Andrea, soy medio alemana y medio española, aunque mi sex and porno
vive en Argentina, y os quiero a contar una historia que me ocurrió
hace algo más de un año y que me ha marcado desde entonces. Creo que
soy bastante atractiva y tengo un cuerpo bonito, al menos eso dicen
los chicos. He heredado de mi adult el físico germánico porque soy
rubia, con ojos azules, blanca de piel y de mi bocchini el carácter,
ya que soy abierta, simpática y, en general, extrovertida. Cuando
me sucedió lo que os voy a contar tenía 20 sexoporno, acababa de terminar
una diplomatura de tres sexoporno en una universidad de sexd y había
roto con mi novio, las dos cosas casi al mismo tiempo, y lo que más
me apetecía era poner tierra de por medio e irme una temporada a otro
país, cambiar de aires de la forma más radical posible. Por eso cuando
una amiga mía que trabajaba en una ONG me comentó que en su organización
buscaban a una persona para trabajar durante un año de cooperante
en Marruecos me pareció que por fin se me marcaba el camino que quería
seguir. Yo no tenía ninguna experiencia en ese campo pero gracias
a la recomendación de mi amiga me dieron el puesto tras una corta
entrevista. Debí de caerles bien. Aunque aparentaba varios sexoporno menos
de los que tenía (más de una vez me pusieron problemas para entrar
en algunos locales ya que pensaban que era menor de edad) tenía un
aspecto de buena chica que no me ha abandonado nunca. Y así me vi
en pocos días recogiendo mis cosas y embarcándome primero en el tren
hasta el extremo sur de España y luego en el ferry a Tánger (Marruecos),
donde iba a vivir los siguientes meses. Marisa, la persona a la que
iba a sustituir en el trabajo, debía ponerme al corriente de todo
antes de marcharse. Me ayudó a encontrar un piso estupendo en una
zona céntrica donde vivía lo mejor de la sociedad tangerina, sólo
tenía un problema: estaba vacío. En las siguientes semanas además
de ponerme al tanto de los aspectos del proyecto de cooperación del
que me tenía que encargar me dediqué a buscar algunos muebles, los
más necesarios: un colchón, una cocina, esas cosas imprescindibles
para empezar a vivir. Marisa pasó a despedirse de mí. -Bueno Andrea,
ya me voy y no veas las ganas que tenía. Una mujer lo tiene muy complicado
para trabajar aquí. Estos marroquíes son unos reprimidos, no piensan
más que en el sexo y como lo tienen tan complicado para acostarse
con las chicas locales (todos los maridos exigen que sus mujeres lleguen
vírgenes al matrimonio) se pasan el día sentados en el café mirándolas
e imaginando lo que harían con ellas. De verdad que no te puedes imaginar
lo calientes que están y, claro, nos ven a las extranjeras como la
mejor fórmula para desahogarse. ¡Andan locos por meterla, es lo único
en lo que piensan! Yo no aguanto más su acoso, las cosas que te dicen,
como intentan meterme mano en cualquier aglomeración. Me largo aunque
tú lo vas a tener aún más complicado: tan jovencita y encima rubia,
con ojos azules, cuerpo bonito, casi de adulto, esa piel tan
blanca y ese aire inocente... Pobrecita, no sabes lo que te espera.
Y es que ¡cómo son!, ¡sólo piensan en su pija! Te recomiendo que trates
lo menos posible con la gente que no sea del trabajo, ni se te ocurra
traer a ningún marroquí a tu casa porque pensarán que los traes para
acostarte con ellos, tú di siempre que vives con tus adults y no te
metas en ningún lío que lo acabarás pagando. Marisa me parecía una
exagerada pero me hacían gracia sus quejas. No tenía ninguna gana
de acercarme a un chico, tras la ruptura con mi novio lo único que
quería era estar tranquila y ése me parecía un buen lugar para hacerlo.
Sin embargo no seguí ninguno de sus consejos y acabé pagándolo y de
qué forma. Tánger había sido en otra época una ciudad de diversión
para intelectuales y ricos europeos y americanos, pero poco quedaba
de todo eso. Tras el trabajo me dedicaba a pasear por el Bulevar,
la calle principal de Tánger. En cuanto anochecía me parecía trasladada
a una ciudad sólo habitada por hombres, no se veía ni una mujer por
la calle. Sentados a la puerta de los cafés, en las plazas o paseando
por la calle, pasaban el rato mirando a la gente pasar. Sin quererlo,
por mi aspecto y mi ropa de europea, llamaba la atención y me convertía
en la atracción. Los chicos y los hombres me miraban, se reían entre
ellos, algunos me llamaban, me decían cosas al pasar, otros se acercaban
a ofrecerse de guías, a ofrecerme hachís o me decían que podían "hacer
alguna cosa por mí". Otras veces alguno se acercaba, parecía que sólo
quería hablar conmigo pero acababa preguntándome dónde vivía o me
decía que me invitaba a tomar un té en su casa. Por supuesto nunca
acepté, no es que tuviera miedo, pero no me gustaba meterme en una
situación de la que tal vez no supiera cómo salir. Todos los días,
de camino a la oficina pasaba por una pequeña carpintería. No había
reparado en ella pero un día yendo con un compañero del trabajo, éste
se paró a saludar al chico que trabajaba allí. Me presentó, pero el
joven carpintero, que se llamaba Tarek, apenas hablaba español o francés.
Era un chico alto, moreno, alrededor de 28 sexoporno, con una sonrisa con
cierta chulería, como de quien se sabe muy atractivo, muy seguro de
sí mismo, que gusta mucho a las chicas, y una mirada que sin duda
las desnuda cuando las mira de arriba abajo. Y de una forma parecida
me miró a mí. Mi compañero me dijo que si yo necesitaba algún mueble
Tarek me lo podría hacer, sé que después hablaron más de mí porque
Tarek me miraba y le preguntaba cosas a mi compañero. Nos despedimos
y él me respondió con un ¡hasta pronto! y una sonrisa cargada de malicia.
No me volví a acordar de él hasta el día siguiente en que pasé de
nuevo por su carpintería. Me sentía intimidada por ese chico, sin
saber por qué, así que aceleré el paso y no miré para no saludarle.
Así hice también los siguientes días, sin saber siquiera si él estaba
allí. Pasaron tal vez un par de semanas y un día tras haber pasado
por allí noté que alguien gritaba "¡Hola!" Me volví y ahí estaba Tarek,
saludándome con una sonrisa de las suyas. Le saludé y seguí mi camino,
aunque noté que él comentaba por lo bajo algo en árabe. Otro día también
lo vi, hablando muy de cerca con una chica, tal vez su novia, a quien
se notaba loca por él pero que parecía demasiado recatada. Esta vez
sólo me miró de reojo con su típica mirada. Cada vez me resultaba
más agobiante pasear por la ciudad, a pesar de ir con la ropa más
discreta posible, siempre se me acercaba algún chico y por eso procuraba
pasar el mayor tiempo posible en casa. Hasta entonces trabajaba sentada
en el suelo con el ordenador sobre una caja, pero decidí que lo mejor
para mi espalda era comprar una mesa. Miré en alguna tienda pero por
el hecho de ser extranjera me pedían cantidades totalmente exageradas.
Pregunté en el trabajo y mi compañero me recordó que su amigo carpintero
me la haría por un buen precio. Como me daba apuro hablar con él quise
que mi compañero ame acompañara la carpintería con las medidas de
la mesa. Tarek estaba trabajando, llevaba barba de un par de días,
estaba sudoroso y con una especie de mono de trabajo con la cremallera
bastante abierta. Mi amigo servía de traductor. Tarek dijo que yo
había tardado mucho en pasarme por allí, que él ya sabía que le haría
algún encargo, que no me preocupara por el precio, que ya lo trataríamos
y que en una semana tendría mi mesa. Me pidió la dirección para que
me la llevaran. El sábado siguiente yo me acababa de acostar para
dormir la siesta cuando sonó el timbre. Me extrañó porque salvo el
portero que me entregaba el correo por la mañana nadie más se pasaba
por mi casa. Decidí no contestar pero insistieron. Abrí y lo primero
que vi fue una mesa y detrás a Tarek bastante serio. Me indicó si
podía meter la mesa en casa y le mostré el camino de mi habitación
donde pensaba colocarla. La puso en el lugar indicado. Luego se me
quedó mirando fijamente, con su sonrisa recuperada, se me hizo tan
incómoda la situación que comencé a intentar contarle que me vendría
bien una estantería para colocar todos los libros que tenía por el
suelo. Mientras le indicaba dónde y cómo la quería noté que me miraba
de arriba abajo. Quise acabar la conversación y le pregunté por el
precio, mientras me dirigía hacia la salida de mi dormitorio. En ese
momento me agarró y me apretó contra él, mientras se reía y decía
algo en árabe que me parecía entre una insinuación y una amenaza.
Yo estaba paralizada, no sabía qué hacer ni cómo salir de ésa. Él
era bastante alto y notaba que era fuerte y musculoso, no era cuestión
de pelearme con él, no tendría nada que hacer. Intentaba decirle algo
pero apenas me salían palabras y él no las entendía. Sus manos ya
estaban debajo de mi camiseta, acariciando con fuerza mis pechos,
luego me la quitó. Sus manos se metieron entonces debajo de mi falda,
acarició mi cola y luego me apretó más contra él. Noté su sexo debajo
del pantalón duro como una piedra. Él se dio cuenta y llevó mi mano
hacia él, parecía una barra de hierro. Sonrió, más bien fue una risa,
como si yo hubiera descubierto algo que él me tenía preparado, algo
de lo que se sentía muy contento y hasta orgulloso. En ese momento
comenzó a presionar mi cabeza hacia abajo. Yo intenté resistirme pero
él me empujaba con fuerza, sus manos eran grandes y rudas y enseguida
consiguió apretar mi cara contra su paquete. Yo ya estaba de rodillas
y él me dijo algo, lo repitió como una orden, algo brusco. Comprendí
sin entender su idioma lo que me pedía y comencé a desabrochar su
pantalón vaquero que estaba a punto de reventar. Nunca había estado
en una situación así y no sabía qué hacer. Mi vida sexual había sido
bastante inocente. Sólo me había acostado con un chico, mi novio,
con el que estuve saliendo cuatro sexoporno. Tardamos bastante en hacer
el amor por primera vez y luego nuestras relaciones fueron bastante
esporádicas. No me disgustaban pero a veces me aburrían. Él era bastante
tradicional y el sexo con él era rápido y siempre igual. Yo imaginaba
que podría ser mejor, pero él parecía contento con lo que hacíamos
y yo estaba muy enamorada. Desde que nuestra relación acabó no había
vuelto a estar con nadie. Por eso no me podía creer que aquello me
estuviera pasando a mí, que fuera realmente yo quien estaba ahí, bajando
el pantalón a ese chico árabe al que no conocía. Me di cuenta que
tenía bastante vello en las piernas, a diferencia de m novio que no
tenía apenas vello en el cuerpo, fue luego cuando reparé en su calzoncillo.
No me podía creer que todo eso que se marcaba ahí fuera su pija. Ya
sé que los chicos árabes tienen fama de estar bien dotados pero aquello
era increíble. Yo pensaba que la de mi novio era de buen tamaño pero
al lado de ésta era casi insignificante. Me dijo algo más y yo seguí.
Cuando bajé su calzoncillo su pija saltó como movida por un resorte.
Era muy grande, larga, gruesa, con una forma bien definida, sin piel
en el glande. Volvió a decirme algo y lo repitió con cierta brusquedad,
le miré y vi que me lo ordenaba muy serio, no iba a poder librarme
de aquello, así que no me quedó otro remedio que empezar a hacer lo
que él me mandaba. Comencé a pasar mi lengua por su pija, desde abajo
hasta arriba, llegando a su glande, luego bajé de nuevo y llegué a
sus huevos y pasé también mi lengua por ellos. Parecía que le gustaba.
Decía "Es bueno, bueno...". Seguí con mi lengua hasta que supe que
no podía eludir lo que venía a continuación, así que abrí bien mi
boca y comencé a tragarme su pija. Era tan gorda que apenas me cabía.
Él lanzó un "Uhmmm", cuando la notó dentro de mi boca. Hizo un movimiento
para meterla más, pero era tan larga que me dieron arcadas y a duras
penas me contuve. Él se rió. Continué con su pija en mi boca, moviéndome,
sin dejar que saliera y sin casi poder respirar. Movía mi lengua por
ella y notaba que a él le gustaba. Apenas podía tragarme más que su
glande, aunque él hacía movimientos para que entrara más profundamente
que yo intentaba eludir. Luego me agarró la cabeza con sus dos manos
y así hizo que su pija entrara hasta casi mi garganta. Sentí que me
ahogaba, pero él estaba disfrutando y no parecía dispuesto a soltar
mi cabeza que ya movía agarrándola fuertemente con sus manos a su
ritmo, de una forma cada vez más brusca, mientras yo sentía que en
los empujones me llegaba hasta la garganta. Una y otra vez, mientras
él gemía de placer. De repente la sacó y me soltó la cabeza. Se acabó
de quitar el pantalón y el calzoncillo que tenía por los tobillos
y me arrancó la falda y luego mis braguitas. Vi que se quitaba su
camiseta negra, dejando al descubierto su torso y sus fuertes brazos.
Su cuerpo era fuerte, musculoso, aunque no de gimnasio sino por su
propia constitución y el trabajo realizado. Tenía los pectorales cubiertos
de vello oscuro que descendía en un hilo cada vez más grueso hacia
el pubis. Vino hacia mí con una sonrisa morbosa. Me empujo, caí de
espalda al colchón y él se puso sobre mí. Agarró mis brazos con los
suyos y los estiró en alto sobre la cama. Luego fue abriendo con sus
piernas velludas las mías. No podía moverme, no podía hacer nada,
sólo protestar mientras veía cómo su pija me apuntaba. La dirigió
hacia mi concha y comenzó a penetrarme, primero lentamente. Costó
un poco que entrara pero pronto la sentí dentro. Él parecía extrañado,
como si esperara que fuera virgen y ver que no lo era le hubiera contrariado.
Fue entonces cuando me penetró con fuerza, metiendo toda su inmensa
pija dentro de mí. Siguió moviéndose con fuertes embestidas, apretando
su cuerpo contra el mío, cogiéndome de forma ruda y salvaje durante
un buen rato. Temí que se corriera y le pedí que usara un condón,
que no quería quedarme embarazada. Él me entendió, pero me dijo. "No
condón, no gusta, no para machos marroquíes". Sorprendida pero sin
poder hacer nada le pedí que al menos no se corriera dentro de mí.
"Oh sí, pero yo otro sistema". Y sonrió con malicia. Fue entonces
cuando me dio la vuelta y me puso boca abajo. Comenzó a acariciarme
la espalda, pero sobre todo mis piernas y mis nalgas. Yo estaba aprisionada
bajo su cuerpo, notaba su peso sobre mí y el vello de su pecho sobre
mi espalda. Comenzó a acariciar mi ano con sus dedos y yo casi di
un salto al notarlo. No podía ser, por primera vez intenté resistirme
con todas mis fuerzas, escaparme de allí, pero él no estaba dispuesto
a dejarme ir. Se rió y me agarró fuertemente hasta dejarme inmovilizada.
Me agarraba mis brazos con una mano, mientras abría con sus piernas
las mías, sin que yo pudiera hacer nada. Con la otra mano acariciaba
mi ano y trataba de meter en él un dedo ensalibado. Yo estaba muy
asustada, no podía hacer nada para evitar esa situación, estaba a
su completa disposición, él podía hacer todo lo que quisiera conmigo.
Yo me quejaba, le suplicaba, le pedía que no e intentaba moverme sin
que él hiciera otra cosa que reír y mandarme callar, seguro como estaba
de su fuerza y de su dominio sobre mí. Creo que notó que nadie me
había hecho nunca lo que él me iba a hacer y eso le agradó aún más.
Parecía muy contento de ser él quien desvirgara mi culo. Había abierto
completamente mis piernas con las suyas y empecé a notar que su pija
rozaba mi cola mientras él la encaminaba hacia el orificio. "¡Nooooo!",
supliqué una vez más, pero él comenzó a empujar con su pija, que no
conseguía entrar. Luego sentí un dolor fuerte, como si me rompieran
por dentro, como si me atravesara una barra de hierro. Su pija había
comenzado a entrar y poco a poco siguió entrando, mientras yo ya gritaba
y las lágrimas se me saltaban. Ajeno a mis quejas, a mis gritos, me
mandó callar con brusquedad y continuó empujando, mientras yo tenía
la sensación de que me iba a desgarrar, de que era imposible que eso
tan enorme que yo había tenido en mi boca a duras penas, pudiera entrar
en mi culo, pero él continuaba empujando hasta que su pija me llegaba
casi a las entrañas. A partir de ahí comenzó a moverse lentamente,
sacando y metiendo su pija en mi culo, lo que parecía provocarle un
placer extraordinario. Yo notaba su cabeza apoyada contra la mía,
su respiración sobre mi cara. Continuó bombeándome el culo por un
tiempo que me parecía eterno, sus movimientos se hacían cada vez más
fuertes, más bruscos, su respiración se aceleraba. Me cogía casi con
violencia, hasta que sentí que terminaba dentro de mí, inundando mi
culo con su leche. Siguió aún un poco más mientras él casi gritaba
de placer. Luego se derrumbó sobre mí durante mucho tiempo, notaba
su respiración extenuada, pensé que se iba a dormir sobre mí, pero
lanzó una risa satisfecha, me dio unas palmadas en la cola, a la vez
que decía "Mío" y luego se fue al baño. Oí que salía de él pero tardó
bastante tiempo en volver a la habitación. Yo permanecía quieta, deseando
que se fuera y acabara todo aquello. Finalmente apareció, se vistió
casi en silencio, sonriendo con malicia y se fue, diciéndome de nuevo
un "Hasta pronto". Permanecí un tiempo tumbada boca abajo, me dolía
todo, sobre todo me dolía el culo por dentro, pensé que no podría
sentarme en días. Luego corrí a cerrar la puerta con llave. Volví
al colchón y me dormí. Sentía rabia y dolor por lo que había ocurrido,
pero afortunadamente ya había pasado. Mientras me dormía, sin embargo,
recordé la sensación del cuerpo de Tarek sobre el mío, cómo me sentí
dominada por él, a su completa disposición, esperando sin ninguna
posible resistencia que él hiciera conmigo todo lo que quisiera, recordé
el roce del vello de su pecho sobre mi espalda, sus fuertes brazos
sujetándome, sus rudas manos sobre mi piel, sus piernas abriendo las
mías, su enorme pija queriendo entrar en mí y confieso que a pesar
del dolor, me excité recordando esas cosas. A la mañana siguiente
me sentía aún dolorida, pero ya mejor. Había dormido hasta tarde y
decidí darme una larga ducha caliente que borrara el olor de Tarek
aún sobre mi piel y toda huella suya. Estuve durante mucho tiempo
bajo la ducha, enjabonándome bien, mientras me sentía cada vez más
relajada. Me pareció oír un ruido y apagué la ducha para escuchar
mejor, pero no se oía nada. Supuse que se había golpeado una de las
contraventanas por el viento que a menudo soplaba con fuerza en Tánger
y seguí bajo la ducha. Un rato después me pareció distinguir una sombra
tras la cortina en el baño, corrí la cortina y me quedé paralizada.
Ahí estaba Tarek, frente a mí, sonriente, completamente desnudo, con
su enorme pija bien levantada, señalando hacia mí, desafiante. Recordé
que ayer no había encontrado uno de los juegos de llaves que solía
dejar en el salón, sin duda él se lo había llevado. Pensé en salir
corriendo, pero estaba desnuda y además Tarek no me dejaría. Se fue
acercando y se metió en la bañadera, bajo la ducha conmigo, sin perder
una sonrisa que yo percibía como una amenaza de lo que me esperaba.
Intenté decirle que no podía, que aún tenía dolor por lo del día anterior,
pero no me hacía caso, agarró jabón y comenzó a enjabonarme con sus
rudas manos mi cuerpo, mis pechos, mis piernas, las nalgas, metía
las manos entre ellas. Luego me dijo que lo enjabonara yo a él, o
al menos eso creí comprender. Me llené las manos con gel y comencé
a acariciar sus brazos musculosos, su ancha espalda, su pecho baje
por el hilo de vello que conducía a su pubis, me desvié y enjaboné
sus piernas, él dirigió mi mano a su pija, que seguía enhiesta como
una lanza, la enjaboné bien, acaricié sus huevos. Él parecía impaciente
pero yo confiaba en que no esperara de mí otra cosa que una paja bien
hecha. Sin embargo, de repente, como si ya no aguantara más, me alzó
en sus brazos y abrió mis piernas. Tuve que agarrarme a su cuello,
apretarme contra él para no caerme, me mantenía en el aire y me fue
bajando lentamente sobre su pija, que se me clavó hasta el fondo.
Me cogió así durante un rato bajo la ducha moviendo todo mi cuerpo
hacia arriba y hacia abajo en el aire, subiendo y bajando por su pija.
Luego me dejó de pie dentro de la bañadera, me dio la vuelta y me
puso contra la pared, intenté poner resistencia pero él sujetó fuertemente
con su mano mi cabeza contra la pared. Con una de sus piernas abrió
las mías y me levantó una de ellas hasta que mi pie se posó sobre
el borde de la bañadera. Noté cómo su pija se preparaba a entrar nuevamente
en mi culo. Protesté, intenté resistirme sin éxito cuando noté que
su pija lo empezaba a perforar. La sesión del día anterior y el jabón
hicieron que esta vez entrara más fácilmente, aunque no por ello sin
que me hiciera nuevamente gritar de dolor. Él de pie a mi espalda
se apretaba contra mí y la metía hasta el fondo en fuertes empujones,
hasta que sus huevos me golpeaban. Comenzó con movimientos lentos
hacia fuera y hacia dentro hasta que toda su pija se perdía dentro
de mí. Él gemía de placer. Sus empujones se fueron haciendo cada vez
más rápidos y fuertes y siguió así durante minutos y minutos. A veces
apoyaba su cabeza contra la mía o me agarraba y me daba suaves tirones
del pelo, otras veces me agarraba de los hombros y me apretaba contra
él, hasta que mi culo tragaba por completo su pija. Luego cambió de
ritmo, lo aceleró y noté cómo se corría dentro de mí, mientras gritaba
de placer entre fuertes espasmos, continuó aún un poco más moviéndose
dentro de mí, luego sacó su pija. Se rió satisfecho, me dio unas fuertes
palmadas en las nalgas, se duchó un poco más, se secó con mi toalla,
salió de la ducha y poco después oí cómo la puerta de mi casa se cerraba.
Pensé en el consejo que me había dado Marisa al comienzo de mi estancia,
en cómo me lo había saltado y en las consecuencias que eso iba tener
para mí a partir de ahora. Tarek tenía las llaves de mi casa y en
cierta forma me consideraba de su propiedad, se creía con el derecho
a venir cuando quisiera y a utilizarme como su juguete sexual cuando
le viniera en gana, y si era verdad todo lo que me había dicho Marisa
sobre los hombres árabes, mucho me temía que sus ganas serían muy
frecuentes. No podía irme de repente de allí, dejar mi trabajo abandonado,
debía como mínimo avisar con quince días de antelación. Por otro lado,
tal vez me estaba precipitando, no sabía cómo iba a evolucionar la
situación y he de reconocer que en el fondo, esa incertidumbre y el
sentirme como una posesión de un chico tan salvaje y rudo pero con
un físico tan atractivo, que en cualquier otro lugar se disputarían
decenas de chicas, sentirme su desahogo sexual, me producía un tremendo
morbo. Decidí esperar. 2. Recibí nuevas visitas de Tarek los siguientes
días, pero luego dejó de venir. Un día, al mirar por la ventana de
mi salón vi que estaba en frente de la casa apoyado en una pared y
hablando con el portero de mi edificio. ¿Estaría vigilando o esperando
a que yo saliera? ¿pidiendo información sobre mí al portero, contándole
sus diversiones con esa jovencita española del tercero? ¿o tal vez
simplemente se conocerían de antes, como casi todos en esta ciudad?
Esperé temiendo que subiera, pero no sucedió. Tampoco supe nada de
él los días siguientes. Tal vez ya se había cansado, una vez probada
había perdido el interés por mí, quizá había encontrado a extranjera
con la que seguir divirtiéndose. Decidí hacer del sábado un día especial,
compré algunas delicatessen de la cocina marroquí, dormiría la siesta
y por la noche tal vez saldría a dar una vuelta, de ir a un bar, ni
hablar, ninguna mujer, salvo las prostitutas los frecuentaban y sólo
me faltaba eso, ir con el cartel de puta en ese país. De todas formas
estaba segura de que muchos me conocerían al menos de oídas. Me encontraba
preparando la comida, cuando me pareció oír voces al otro lado de
la puerta. Cuando salí al pasillo vi que la puerta de la calle se
abría y tras ella aparecían Tarek y otro chico marroquí vestido de
militar. Tarek le señaló y dijo ""Aziz, amigo". Aziz me miró de arriba
a abajo y luego sonriendo le dijo algo a Tarek, ambos se rieron. Supuse
que ya le había contado lo que hacía conmigo. Aziz hablaba español,
lo que me facilitaba las cosas. Era un chico atractivo, un poco menos
alto que Tarek, con algunos sexoporno más, tal vez 30 o32, con bigote,
como la mayoría de los árabes de esa edad, militar destinado en el
sur pero que había venido a pasar el fin de semana a Tánger para
ver a su amigo Tarek. Éste me dijo que preparara algo de comida y
ellos se sentaron en el salón a fumar un cigarro y a charlar, de vez
en cuando me llegaban sus carcajadas. No entendía muy bien la situación.
¿En qué nos habíamos convertido mi casa y yo? Yo había comprado una
comida especial y eran ellos quienes se la iban a comer ¿y todo eso
por qué? Tarek bajó a comprar cigarrillos, momento que Aziz aprovechó
para ir a la cocina, donde yo estaba. Intenté tantearlo para ver si
me podía servir de ayuda frente a Tarek pero él me miró de una forma
claramente lasciva y supe que no tenía nada que hacer, ni ninguna
ayuda que esperar de él, más bien al contrario. -Tarek ya me ha dicho
que se divierte mucho contigo, que tú eres muy complaciente. Eso me
da envidia. Sabes, en el ejército lo más duro es estar sin mujeres.
Un hombre, ya sabes, tiene sus necesidades. Los árabes somos muy fogosos
y necesitamos mucho sexo, pero en el ejército no hay mujeres y claro,
tenemos que recurrir a otros medios. Yo no tengo problema para eso,
soy el oficial que se encarga de la instrucción de los más jóvenes
que quieren entrar en el ejército, así que a veces busco alguna excusa
para mandar a uno de esos recién llegados al calabozo y por la noche
le hago una visita. A veces mi pija no aguanta más y necesita un lugar
donde meterse. Él quiere salir de la celda, ingresar en el ejército
y yo puedo ayudarle, a cambio mi pija quiere pasarlo bien y él tiene
el agujero necesario para conseguirlo. A mí me gustan mucho las mujeres,
por supuesto, soy muy macho, pero a falta de hembras... No creas que
me sirve cualquier recluta. Hay algunos muy feos y brutos, a mí me
interesan sólo los más jovencitos, los que tienen la piel suave como
los de una chica, y un culo virgen preparado para mí. Ya me encargo
yo de que sean complacientes, más les vale. Eso es sólo por necesidad,
porque lo que me gustan son las mujeres, sobre todo las chicas europeas,
rubias, con ojos claros, la piel muy blanca y unos pechos suaves y
bonitos, exactamente como tú. Pero, sabes lo que me ha pasado, pues
que le he cogido gusto a los culitos, son más estrechitos y calientes,
dan más gustito. Tarek me ha dicho que él desvirgó el tuyo. Ya me
hubiera gustado hacerlo yo. Aún así creo que merece ser probado. El
culito de una chica europea guapa... no puede haber nada mejor. Tenía
ya puesta su mano en m mi cola cuando se oyó la puerta de la casa
y Aziz volvió al salón a reencontrarse con su amigo. Comimos los tres,
ellos hablando y riendo casi sin parar y yo en silencio, sin comprender
sus palabras. Tarek parecía orgulloso, como si quisiera presumir ante
su amigo de dirigir y hacer lo que quisiera con esa joven española
que estaba a su completa disposición. Hacía calor y Tarek se había
quitado su camiseta y Aziz se había desabrochado su camisa militar,
dejando al descubierto un pecho cubierto de abundante vello. No paraba
de lanzarme miradas morbosas. Cuando volví de la cocina al salón tras
recoger la mesa, los dos me estaban esperando en silencio. Habían
comido mucho y bien, se sentían satisfechos y, relajados sobre las
sillas, se pusieron a fumar un cigarro. Tarek me hizo un gesto para
que me acercara. Se sentía contento de que Aziz viera cómo le obedecía
en todo. Cuando estuve frente a él, me señaló que me arrodillara y
luego agarró mi cabeza y la apretó contra su paquete. Los dos lanzaron
una carcajada. Con un gesto me dijo que siguiera, mientras él continuaba
fumando su cigarrillo. Sabía que no tenía otra alternativa que hacer
lo que él esperaba. Comencé a desabrochar su pantalón y saqué su pija
que estaba dura e inmensa. Seguí la fórmula que tanto le había gustado
la primera vez, ya que quería sobre todo que se sintiera satisfecho.
Comencé a pasar mi lengua por toda su pija, sin dejar un solo lugar
sin humedecer, jugaba con ella por su glande y luego bajaba y volvía
a subir. Descendí después hasta sus huevos y los chupé una y otra
vez. Veía la cara lujuriosa de Aziz que ya se tocaba claramente el
paquete y empezaba a meter la mano dentro de su pantalón militar.
Se estaba poniendo rojo de envidia. Tarek lo sabía y disfrutaba doblemente,
gimiendo de placer. Volvía subir con mi lengua por su pija y una vez
arriba la engullí hasta que sentí que casi chocaba contra mi garganta.
Continué en mis movimientos hacia arriba y hacia abajo, moviendo mientras
tanto mi lengua por su pija que continuaba dentro de mi boca. Sabía
que Tarek estaba muy excitado. Comenzó a acariciar mi pelo, luego
me agarraba de él para marcarme el ritmo de mis movimientos, más tarde
cogió fuertemente mi cabeza con sus dos manos y continuó moviéndola,
haciendo que su pija entrara hasta lo mas profundo. La sacó, me acercó
más a él, colocó su pija entre mis pechos y los apretó contra ella
mientras se movía, masturbándose con ellos. Aceleró sus movimientos
y de repente sentí un fuerte chorro caliente contra mi cara, golpeó
contra mi frente y mis ojos, luego sentí otro y otro más, hasta que
mi cara estuvo toda cubierta de su leche, sacó su pija y me la restregó,
extendiendo aún más su semen por mi rostro. Luego me soltó y fui al
baño a lavarme. Les oía reír, hablar, a Tarek con su voz orgullosa,
presumiendo, sin duda, de lo buena que era yo y de todo el placer
que le daba. Oía la voz de Aziz insistiendo en algo, repitiendo una
frase. Luego Tarek me llamó. Cuando acudí fue Aziz el que me habló:
-Ahora me toca a mí, a ver si me lo haces pasar tan bien como a mi
amigo. Miré a Tarek, que me hizo un gesto para que me acercara a Aziz.
Éste tenía la camisa totalmente abierta y su pantalón a punto de reventar.
Me agaché de nuevo y me dispuse a descubrir lo que escondía ese pantalón.
Me quedé helada. Su pija era todavía mayor que la de Tarek. Algo más
larga y arqueada, pero sobre todo más gruesa, también algo más oscura.
Me iba a costar tragar eso. -¿Te gusta mi pija? Seguro que nunca has
chupado una tan grande. De auténtico macho árabe. A ver qué tal lo
haces. Decidí emplearme a fondo y con esmero con mi lengua por su
enorme pija, por sus huevos. Él parecía impaciente por meterla dentro
de mi boca y haciendo un esfuerzo tragué todo lo que pude, aunque
no pude evitar sentir de nuevo arcadas. -Oh, ¿no me dirás que es demasiado
grande para ti? Pues te la vas a tragar enterita, cómela hasta el
fondo. Y me la metió todo lo que pudo. Se notaba que le gustaba por
su expresión y los ruidos de placer que emitía. Me agarraba con fuerza
del pelo, moviendo mi cabeza sin dejar que su pija saliera ni por
un momento de mi boca. -Así, así, no pares. Mueve la lengua. Uhmmm.
Así Ponía todo mi empeño en ello, aunque me costaba mantener todo
eso en mi boca. Vi que Tarek se movía por la habitación. Estaba desnudo
del todo y su pija de nuevo en alto, apuntándome. Me agarró por la
cintura y me levantó, con lo que dejé de estar de rodillas, pero sin
que Aziz permitiera ni por un momento que su pija saliera de mi boca.
Me quitó la falda y bajó mis braguitas. Comenzó a acariciarme el ano,
a frotarlo con su saliva y después, abriendo mis piernas, acercó su
pija a la entrada de mi culo y comenzó a empujar. Sentí de nuevo un
fuerte dolor al notar cómo penetraba en mí, pero Aziz no me dejaba
parar. -Tú sigue, no pares, que te vamos a dar lo que te mereces.
Mi cuerpo llevaba dos ritmos: el que Tarek me marcaba por detrás,
con sus fuertes sacudidas y con el que Aziz manejaba mi cabeza, hasta
que logré que los dos se acompasaran. Empecé a notar cómo Tarek se
derramaba dentro de mí. Al poco tiempo un fuerte chorro de esperma
de Aziz golpeó contra mi garganta. Instintivamente sentí una arcada
e intenté sacar su pija de mi boca, pero no pude, él sujetaba firmemente
mi cabeza para que su pija siguiera muy dentro de mí, así que seguí
sintiendo nuevos chorros que golpeaban fuertemente en mi garganta
y que yo tenía que tragar. -Trágatelo, trágate toda mi leche. Continuó
agarrándome con fuerza, mientras se arqueaba de placer y gemía en
alto sin parar. Cuando me tragué hasta la última gota dejó que su
pija saliera de mi boca. Tuve aún que pasar mi lengua por ella, hasta
que quedara totalmente limpia. -Qué bueno. ¿Te gusta cómo sabe mi
leche? ¿Te ha gustado verdad? Tu también le has gustado a mi pija.
Lo haces muy bien, como una auténtica puta o mejor, ninguna me lo
ha hecho como tú. Les tendrías que enseñar a mis reclutas. Pero aún
hay algo más que me gustaría probar, ya sabes tú qué. Le dijo algo
a Tarek, pero éste, que acababa de limpiarse y estaba vistiéndose,
se negó en seco. Aziz insistió pero Tarek pareció enfadarse y casi
gritaba. -Bueno, bueno, mi amigo quiere tu colita solo para él. Es
un egoísta, pero ya veremos lo que pasa, yo siempre consigo coger
a quien quiero. Nadie se me resiste. Acabaron de vestirse y se fueron,
los dos de nuevo tan amigos, satisfechos y riéndose. Tarek cerró la
puerta con llave. Y yo me quedé allí con una mezcla de rabia, incertidumbre
y dudosas expectativas. Me acosté temprano porque estaba cansada.
Mi habitación estaba totalmente a oscuras y yo profundamente dormida,
boca abajo. No oí ningún ruido, pero me desperté de golpe, aterrada.
Sobre mí había caído un gran peso, ensenguida comprendí que era un
hombre, noté que estaba desnudo y que tras dejarme inmovilizada sobre
el colchón me bajaba las braguitas que era lo único que yo llevaba
puesto. Notaba su vello sobre todo mi cuerpo, su bigote rozaba mi
nuca y por la rudeza y violencia de sus movimientos, supe que se trataba
de Aziz. El aliento se olía a alcohol y a tabaco. Parecía aún más
envalentonado por la bebida. Intentaba resistirme, suplicarle, moverme,
sin éxito. -Quieta, no vas a conseguir nada. Este culito no se va
a librar de sentir mi pija muy dentro. He tenido que quitar las llaves
a mi amigo y antes de que se las devuelva, me lo voy a dejar muy bien
cogido. Ya te dije que mi pija siempre se consigue meter donde quiere.
Recordé su pija y la imaginé intentando entrar en mí y me pareció
imposible. Comenzaba a notar cómo empujaba y di un grito cuando entró,
se me saltaron las lágrimas. -Tranquila, aguanta, que esto es solo
el principio. Ya verás como te va a gustar. La metía primero despacio,
un poco, luego cada vez más hasta que me la clavó por completo. A
partir de ese momento sus embestidas se hicieron salvajes, brutales.
Me agarraba con fuerza, a veces del pelo, a veces apretándose contra
mí, sin dejarme ninguna concesión al menor movimiento y así siguió
durante mucho tiempo, sin parar, cada vez más fuerte, hasta que noté
que se corría dentro de mí en medio de un alarido de placer, y todavía
un poco más. -Buena chica, te has portado bien. Voy a devolverle las
llaves a Tarek. Le diré que me lo he pasado muy bien contigo, no creo
que se enfade, somos amigos desde hace mucho y hemos compartido muchas
cosas. ¡Él no iba a ser el único en disfrutar de ti! Ya me pasaré
más por aquí cuando salga del cuartel, algo así no hay que dejarlo
pasar y además, como yo no soy egoísta, te traeré a algunos militares
que me agradecerán el favor. Allí se echan mucho de menos estas cosas,
aunque como te dije yo no me puedo quejar y tengo todos los culitos
que quiero, pero no de chicas tan guapas como tú ni tan sabrosos como
el tuyo. Uhmmm, una delicia. Creo que haré una copia de las llaves
antes de devolvérselas a Tarek. Me gusta llegar así como hoy, de improviso.
Sabía que Tarek no se tomaría muy bien la noticia y así fue. Apareció
por mi casa gritando, supongo que insultándome. Luego su expresión
cambió. No entendía todas sus palabras, pero parecía decirme que me
iba a enseñar una lección para que se me quitaran las ganas de serle
infiel. Se marchó. No apreció en todo el día y pensé que tal vez había
interpretado mal sus palabras y que quizás sólo se había despedido,
despechado. Sin embargo, se llevó las únicas llaves que me quedaban
y cerró por fuera, con lo que me quedé encerrada en mi propia casa.
Supuse que ése era mi castigo aunque ignoraba cuánto iba a durar.
Al día siguiente me estaba duchando cuando oí voces dentro de la casa.
Tarek hablaba con alguien más. Fue a buscarme y sin dejar que me vistiera
me llevó a mi habitación. Allí había tres hombres negros. Eran nigerianos
según supe. Iban bien vestidos: uno llevaba vaquero y una camisa,
otro un pantalón claro y una camiseta ajustada que marcaba sus músculos,
tenía la cabeza rapada. El tercero llevaba un pantalón de chándal
en el que abultaba su paquete. Calculé que uno de ellos rondaría los
30 sexoporno, otro, un poco más bajo y más ancho, tendría alrededor de
25 y el tercero, el del chándal, sería de mi edad o poco mayor. Eran
bastante altos, atractivos, con cuerpos fuertes y bastante oscuros
de piel. No sabía muy bien que pretendía Tarek llevándolos a mi casa,
pero cuando vi cómo me exhibía delante de ellos, cómo me miraban y
me examinaban como si fuera una mercancía que podían comprar, cómo
acariciaban mi pelo, mi cara, mis pechos, mis nalgas, entendí que
era precisamente eso lo que estaban haciendo. Pareció que yo les gustaba,
se reían entre ellos. Luego intercambiaron algunas palabras con Tarek,
al parecer acordando las condiciones del trato, sacaron unos cuantos
billetes (no pude ver cuántos) y se los dieron. Tarek los contó y
se fue, cerrando la puerta de mi habitación tras él. De repente me
quedé sola entre esos tres hombres, que me miraban como si fuese suya.
Comprendí que Tarek les había dado carta blanca sobre mí. Ellos parecían
contentos de disponer de una chica tan blanca, rubia y joven para
a su antojo. Quise hablarles en inglés, decirles que les daría el
dinero que ellos habían pagado o más pero que no me hicieran nada.
Saqué de mi cartera algunos billetes y se los ofrecí, se rieron, los
guardaron, pero empezaron a tocarme. Luego comenzaron a desnudarse.
Tenían unos cuerpos impresionantes, sin apenas vello, excepto el mayor
de ellos, musculados, marcados, bien proporcionados. Se desnudaron
por completo. No me atrevía a mirar hacia sus paquetes, pero uno de
ellos se acercó a mí y empezó a darme golpecitos con su pija. La miré.
No parecía humana, era desproporcionada. Miré hacia las de los otros
dos, que estaban totalmente en erección y el tamaño que alcanzaban
era descomunal, su grosor me hizo pensar en la de un caballo o un
toro. Nunca había visto algo así, ni siquiera en una película porno
con actores de color. Uno de ellos me metió su pija en la boca, aunque
sólo me entraba la parte superior, así que me hizo emplear a fondo
mi lengua por toda ella. Enseguida se acercaron los otros dos y tuve
que ir alternando una pija tras otra, a veces las juntaban y yo hacía
un esfuerzo sobrehumano por intentar abarcar dos de ellas de una sola
vez. Disfrutaban bastante y albergué la esperanza por un momento de
que se conformaran con eso, pero al poco tiempo mis ilusiones se derrumbaron
cuando uno de ellos, el que parecía de más edad comenzó a acariciar
mi concha y a meter un dedo en ella. Enseguida lo sustituyó por su
pija y mientras yo, doblada por la cintura chupaba las pijas de los
otros dos, éste comenzó a intentar meterme la suya desde atrás, pero
costaba que entrara. Siguió en su empeño hasta que los consiguió y
la metió todo lo que pudo de una vez. Me sentía totalmente llena,
a punto de romperme, pero él continuó cogiéndome sin parar, con fuerza.
Siguió así por un buen rato, luego comenzó a meter un dedo en mi culo.
Noté que ponía su pija en la entrada de mi ano y presionaba sin conseguir
que algo tan grande entrara ahí. Lo dejó, pensé que abandonaba por
imposible, pero al momento le vi que volvía con un bote de crema corporal
que yo tenía en el cuarto de baño. Embadurnó bien su miembro con abundante
crema y volvió a presionar. Esta vez noté que comenzaba a entrar en
medio de un dolor desgarrador para mí y de un suave gemido de placer
por su parte. A veces pensaba que iba a perder el sentido por el dolor,
la rudeza de su forma de follar y sobre todo por el tamaño de su pija
que me rompía por dentro. Me agarró de las piernas, me alzó en el
aire, con su pija siempre dentro, y me cogió por la cola así, sin
que yo tuviera ningún apoyo ni más sujeción que su pija dentro de
mí. Al cabo de un rato noté cómo mi culo se inundaba de leche. Era
el turno del siguiente. Me colocó de espaldas sobre la mesa, puso
mis piernas sobre sus hombros y me penetró. Me folló un largo rato
por la concha, luego me dio la vuelta, me puso a cuatro patas sobre
la mesa, se subió él también, se untó de crema su pija y se dispuso
a follarme el culo. El tercero, mientras tanto, se puso de rodillas
también sobre la mesa y colocaba su aparato en mi boca, obligándome
a chupar su pija y a bajar hacia sus huevos y hasta su culo, algo
que parecía encantarle. Fui de nuevo objeto de una cogida bestial,
hasta que noté cómo se corría dentro de mí y cómo después sacaba su
pija y me la restregaba por todo el cuerpo, llenándome de su leche.
Era el turno del tercero. Esta vez me llevó sobre la alfombra, me
colocó tumbada sobre un costado, él se puso detrás de mí y me la metió
de golpe por mi vagina. Después de un rato siguió en la misma postura
pero esta vez metiéndola por mi ano. Luego se tumbo boca arriba e
hizo que me sentara sobre su pija de espaldas a él, metiéndola de
nuevo por mi culo. Me sentí empalada, apenas podía entrar, pero él
me empujaba con fuerza hacia abajo. Agarraba mi cuerpo y lo subía
y lo bajaba por su pija, siempre dentro de mí, tan dentro que pensé
que acabaría perforando algo en mi interior. Noté que uno de los anteriores
se ponía de pie frente a mí, con su pija de nuevo dura y enorme. Supe
entonces que aunque el más joven, el que me estaba atravesando ahora,
terminara, mi tormento, mi tortura sexual no acababa ahí sino que
volvería a empezar. Habían pagado y querían sacar el máximo partido
a su dinero. Sin embargo había algo que no había podido ni imaginar
pero que sucedió a continuación: mientras el más joven la tenía dentro
de mi culo, el de 30 sexoporno, el primero en cogerme, se situó frente
a mí y me la metió por la concha. Notaba sus dos pijas dentro de mí
a la vez, sus empujones, sus ritmos, me sentía aplastada entre ellos,
a punto de romperme por dentro, me parecía que sus pijas casi se tocaban
dentro de mí. Ellos estaban casi apoyados el uno contra el otro, gimiendo
a la vez de placer. Cambiaron de posición y mientras el de más edad
se tumbaba en el suelo y hacía que yo me sentara sobre él, metiendo
su pija una vez más en mi concha, el más joven me penetraba por detrás
en el culo, con fuertes embestidas, hasta que se corrió. Pero todo
volvía a empezar. Durante las siguientes horas me follaron de todas
las formas posibles, de uno en uno, de dos o de tres. Sobre la mesa,
el suelo, la silla, apoyado contra la pared o sujeto por uno de ellos
en el aire. Se corrieron una y otra vez en mi boca, dentro de mi culo,
en mi cara, por todo mi cuerpo. Luego, exhaustos, se vistieron y se
fueron en medio de risas y bromas. Yo estaba deshecha, apenas me podía
mover. Ahora sabía lo que me esperaba si me quedaba en Marruecos.
Las visitas de Aziz con sus militares y el negocio de Tarek alquilándome.
¿Qué podía hacer? De repente caí en la cuenta que la puerta no estaba
cerrada con llave. Sin duda Tarek volvería pronto a encerrarme, como
la vez anterior. Intenté hacer un esfuerzo, pero me costaba mucho
andar. No tenía tiempo siquiera de ducharme. Agarré mi pasaporte y
el poco dinero que me había quedado y salí de mi casa. El portero
estaba de espaldas a la puerta y me moví con sigilo tras él para que
no me viera. Oí la sirena del ferry que estaba en el puerto a punto
de salir. Calculé que era el último de ese día y mi única esperanza
de escapar de allí. El puerto sería el primer lugar en el que Tarek
me buscaría. Atravesé como pude la medina, la gente se me acercaba,
se reían de mi extraña forma de caminar. A duras penas conseguí llegar
al puerto, comprar un billete y montar en el ferry apenas unos minutos
antes de que partiera. Ha pasado algún tiempo desde entonces y no
he vuelto a saber nada de aquellas tierras. Me quedé sin trabajo,
sin la fianza del piso y sin muchas de mis cosas, pero nada de eso
me importa. Pasé varios meses sin tener relaciones con nadie. Más
tarde conocí a un chico, salimos varias veces y me acosté con él,
pero no me gustó, me dejó indiferente, no era como yo lo deseaba.
Cada vez, a pesar de todo, pienso más en Tarek, en su cuerpo fuerte
y viril, en la forma en que me poseía, me dominaba, me hacía sentir
que estaba a su total disposición, que él podía hacer conmigo todo
lo que quisiera y es entonces cuando más me excito. Es algo que añoro
y que me gustaría volver a sentir. Hace poco he empezado a frecuentar
el un bario de sexd donde se concentra la población marroquí. Hay
calles en las que me parece estar de nuevo en Marruecos, apenas se
ve más que a hombres árabes con la misma expresión de deseo y esa
mirada que parece desnudar a las chicas. A veces me siento en un banco
y espero por si alguien como Tarek aparece buscando hacerme suya,
como aquella vez. No faltan los hombres que se acercan a decirme cosas.
Aún no me he atrevido a aceptar ninguna de sus obscenas proposiciones
pero lo deseo y sé que pronto diré que sí a uno cualquiera de ellos
y aceptaré lo que venga después porque ya no habrá vuelta atrás.