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Con el coño siempre a
punto
Conducía por la carretera mi deportivo descapotable, era un día precioso y
yo estaba muy cachonda. Adelanté a un camionero, estaba bueno, corpulento,
con cara de gustarle mucho las tías. Al pasar me abrí de piernas y me
toqué para que me viera. Al rato le dejé pasar, luego volví a adelantarle,
esa vez me acaricié los pechos, me miró y me sacó la lengua que casi me
corro en pleno adelantamiento. Me había puesto a cien. Le saqué unos
kilómetros de delantera y paré en la primera gasolinera.
Estuve tentada de masturbarme allí mismo, pero quería una aventura mayor.
Dejé el coche a la vista y entré en el lavabo de señoras, me refresqué un
poco, saqué mi consolador del bolso y me senté a masturbarme, había dejado
la puerta del retrete abierta para que el camionero no tardara mucho en
encontrarme. Oí el camión y eso me excitó más todavía, con una mano me
metía y sacaba el consolador y con la otra me acariciaba los pezones, mi
cara reflejaba un gran placer.
Se abrió la puerta del lavabo y se me escapó un gemido, acto seguido una
mujer gorda se plantó delante de mí con cara de gran espanto, yo ya no
podía parar, la mujer me insultaba, me llamaba sinvergüenza, puta, cuanto
más me insultaba más cachonda me ponía, me abrí de piernas lo más que pude
y le enseñé a la gorda todo el coño, entonces se calló y se quedó mirando
mi coño con la boca abierta, volvió a abrirse la puerta del lavabo, esta
vez sí era el camionero, se sacó la polla allí mismo, con la gorda delante,
me levantó del retrete, me quitó el consolador y se lo dio a la gorda, me
apoyó contra el lavabo, me agarró de las tetas con una sola de sus enormes
manos de camionero, me metió la otra en el coño y me levantó del suelo, yo
bramaba, volé por el aire hasta que me dejó caer sobre su polla, ¡y qué
polla! dura y gigante, me deshacía de gusto, entonces miré al espejo y vi
a la gorda sentada en el retrete, con las piernas abiertas y el chocho
inflado, se estaba metiendo mi consolador y daba grititos. El camionero me
dio un gran embite y de su polla salieron litros de semen, yo me corrí
mirando a la gorda que se había sacado sus gordísimas tetas y se las
tocaba como podía.
Cuando el camionero y yo terminamos, la gorda seguía con su paja, él la
miró y volvió a empalmarse, la gorda le miraba la polla y le daba con más
ganas al consolador, el camionero empezó a tocársela, yo me acerqué a la
gorda y empecé a chuparle los pezones, se volvía loca, el camionero entró
en el retrete, la gorda me dio el consolador y se giró dándole el culo,
sus tetas colgaban por todas partes, por fin la gran polla del camionero
entró en el chocho de la gorda, aquella mujer pareciá no haberse corrido
nunca, en cuanto le entró la polla comenzó a gritar: ¡ESTO ES UNA POLLAAAA
Y YO SOY UNA GUARRAAAA, A VER SI TE ENTERAS DE UNA VEZ MANOLOOOOOOO! Yo me
estaba volviendo loca, me tiré al suelo y me revolcaba con el consolador
metido en el coño, totalmente empapada, pero quería más polla y el
camionero seguía metiéndosela a la gorda y pasaba de mí, como caído del
cielo entró Manolo, tenía cara de bueno y unos cincuenta sexoporno, no entendía
nada.
Me levanté como pude y le rogué que me penetrara, como el hombre no
reaccionaba, loca de deseo, le bajé la bragueta y me metí su polla en la
boca, aquello creció en un segundo, Manolo dio un salto y me echó al suelo
boca abajo, yo aún tenía el consolador y al caer me dio mucho gusto,
entonces Manolo me abrió los cachetes del culo y yo empecé a imaginar lo
que sería una polla en el culo y un consolador en el coño y le pedí que me
la metiera por el culo. La gorda y el camionero se estaban corriendo y
Manolo me la metió hasta la espalda, la metía y sacaba que yo me volvía
loca, no podíamos parar, a la vez mi clítoris se restregaba contra el
suelo y el consolador llenaba toda mi vagina, entonces Manolo me dijo:
córrete puta, vacíate toda, cágate y méate como nunca has hecho guarra,
rebózate bien en tus caldos que cuando estés bien sucia te la voy a meter
por el coño para que sepas como se folla con las cerdas.
Me corrí como nunca, hasta perdí el conocimiento. Cuando desperté,
Manolo me la metía por el coño y la gorda se la chupaba al camionero,
Llegué a pensar que nunca terminaríamos, otra vez me puse a cien, Manolo
se corrió convulsionándose todo, eso me provocó un orgasmo tal que todavía
me estremezco. El camionero me sacó de allí, la gorda se quedó
chupándosela a Manolo que no dejaba de darnos las gracias.
Subimos al camión, nos limpiamos y antes de decirnos adios no pudimos
evitar echar otro polvo, este fue muy tranquilo de esos calentitos de
asiento de coche en los que te dices porquerías al oído: me has puesto tan
cachonda que como no me folles ahora me tendré que meter el cambio de
marchas en todo el coño y subir y bajar hasta que me corra, vamos métemela
hasta el fondo y fóllame, fóllame y tócame las tetas, muérdeme los pezones.
Mientras me la metía le tocaba las pelotas, ¡qué pelotas! grandes y duras
como su polla, era una de las mejores pollas que me había metido nunca, se
lo dije y él se despidió diciéndome: eres la tía más caliente que he
conocido en mi vida, tu lengua es embriagadora, tus tetas reaccionan al
roce y se ponen grandiosas en un segundo, de tu chocho salen aromas tan
excitantes que cuando te mojas todos se quieren correr. Conseguirás follar
todo lo que quieras y con quien quieras solo con abrirte de piernas.
Espero que haya una próxima vez para comerte ese coño arrebatador. Me
volví a excitar pero tenía que marcharme ya. Cuando llegué a casa se lo
conté a mi marido que es mayor y lo entiende todo y, aunque ya casi nunca
se le levanta, aquella noche se le levantó y volví a sentirme muy feliz,
luego el mayordomo remató la faena, pero eso es otro cuento.
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