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El masturbador del
oriente
Quéde para cenar con
Fabián, un viejo amigo de la sex and porno, cincuentón, aristocrático, elegante
y atractivo. Siempre me había gustado, de adulto me masturbaba
pensando en él. Me citó para vernos en un restaurante, era mi ocasión para
satisfacer el deseo acumulado durante tantos sexoporno.
Me estaba arreglando y fantaseando sobre cómo sería su polla cuando
llamaron a la puerta. Un mensajero traía un paquete. Estaba bien bueno,
jovencito, muy masculino. Abrí tal como estaba, desnuda, le invité a pasar
y, haciendome la despistada, me coloqué de tal manera que pudiera verme
bien el coño. Ni se lo pensó. Cerró la puerta de una patada y se me echó
encima. Con una maniobra maestra se sacó la polla y me la metió en el coño
que ya estaba muy mojado. -Toma puta ¿quieres polla? toma mi polla ¿te
gusta? -Si, si, me pone loca, dámela, métemela cabrón, parteme en dos hijo
de puta, folla, folla, rómpeme el coño, lléname toda. -Qué caliente estás
puta, cómo te vas a correr zorra ¿quieres correrte? ¿quieres irte toda?
cómo chorreas.
Yo ardía, rodeé su cintura
con mis piernas y me lo encajé aún más, gritábamos, yo ya me estaba
corriendo. -¿Qué me haces cabrón? ¡Qué polla tienes! clávame, clávame,
ay... Me corrí bien corrida, estaba encharcada y él seguía y seguía,
enseguida yo quise más, de pronto la sacó de mi coño y me la metió por el
culo de golpe, me hizo un daño terrible, pero en medio de mi calentura eso
me excitó más. -Dame, dame, dame por el culo, así, así, qué polla, qué
polla, tócame las tetas cabrón. -Córrete conmigo puta, córrete otra vez,
córrete como tú sabes, córrete por el culo, cágate en mi polla, ay, mira
como me corro, mírame puta, es por ti, por tu culo, ay... Mientras me daba
por el culo pellizcaba mi clítoris y metía sus dedos en mi vagina. Noté
toda su energía de macho jovencito dentro de mi culo y su orgasmo me hizo
delirar. -Me corro, me deshago, me cago, me meo, ay dame más, soy tu puta.
Nos corrimos los dos como salvajes. -Toma zorrita. -Ay si, si... -Toma mi
leche, toma por el culo, por ese culo que tienes que me ha puesto tan
cabrón. -Dame tu polla, rómpeme cerdo, méate dentro, hazme reventar. Nos
callamos para darnos un beso desesperado, un beso de verdadera pasión, esa
pasión salvaje que sólo aparece cuando te olvidas de quién eres con un
desconocido y sabes que has vivido un momento único. Nos corrimos como dos
enamorados.
Me quedé dormida en el piso. Cuando me desperté estaba sola y se había
hecho tarde, me bañé y arreglé deprisa. Me estremecía cuando pensaba en el
mensajero, de repente recordé el paquete y decidí desenvolverlo en el taxi
para ganar tiempo. Di la dirección al taxista y me acomodé en el asiento,
pensaba en Fabián y en el mensajero, un trío tal vez. Abrí el paquete. Era
un artefacto articulado con bolas de diferentes tamsexoporno insertadas en un
cordel rugoso, traía, dibujadas en un papel, instrucciones para usarlo. No
pude evitar soltar una carcajada, vaya con Fabián. Disimuladamente me
quité las bragas y empecé a introducirme las bolas en el orden que
indicaban las instrucciones, era verdaderamente placentero, a la tercera
bola ya había mojado el asiento.
El taxista estaba algo
mosca, miraba de vez en cuando pero me dejaba hacer, yo ya no disimulaba y
me metía las bolas con avidez, quizá me diera tiempo a correrme antes de
llegar al restaurante, era mejor llegar recién corrida que en pleno
calentón. Pero el taxista ya se estaba poniendo cachondo y pisaba el
acelerador. Llegamos enseguida a la puerta del restaurante. Aquel
artefacto encajaba entre mis piernas que ni hecho a medida, presionaba mi
clítoris a la vez que se movían las bolas y acababa en una protuberancia
que encajaba en el ojo de mi culo, abriéndolo un poquito, lo justo, la
estimulación era total, mis pezones iban a estallar. Al ir a pagar mostré
descaradamente mis pechos al taxista, con una mano me cobró y con la otra
empezó a cascársela. Me pellizqué las tetas y le di una chupada fugaz.
Sabía bien el viejo.
Entré en el restaurante disimulando la calentura, pero mis pechos me
delataban, estaban monumentales, me había dejado las bragas en el taxi así
que todo mi flujo corría por mis piernas emanando un olor más que
penetrante. Encontré la mesa, Fabián y una atractiva pareja me estaban
esperando, Marta y Daniel, los caballeros se levantaron, mi sitio era
enfrente de Fabián. Bebimos champán y eso aún me puso más caliente. Yo
había descubierto una postura que me hacía gozar todo el tiempo pero
controlando de no correrme allí en la mesa. Marta era una belleza, se
levantó para ir al baño, cómo meneaba el culo. Durante el trasiego Fabián
aprovechó para colocar su pie desnudo entre mis piernas, yo, tan cachonda
como estaba le dejaba hacer. Buscó un punto del cachivache que me había
regalado, se notaba que lo conocía bien, presionó con su dedo gordo y ¡Dios!
cómo me puso, vibré toda entera, me elevé de la silla diez centímetros por
lo menos, Fabián volvió a repetir el movimiento.
Mi coño, mi culo y mis
tetas iban a reventar, Daniel se dio cuenta de que algo me pasaba. Fabián
lo volvió a hacer. Convulsionándome miré a Daniel: -Me voy a correr. Entre
los dos me levantaron de la mesa y me llevaron en volandas al baño de
señoras. Marta se acariciaba los pechos frente al espejo. Me tendieron en
el suelo. Marta me abrió de piernas y empezó a tirar de uno de los
extremos del artefacto. -Ay puta ¿qué me haces? me corro. Marta me besaba
en la boca y seguía tirando. Yo me moría de gusto. Fabián cerró la puerta
con llave y se sacó la polla, levantó la falda de Marta y se la clavó
hasta el fondo, ella se estremeció y tiró más fuerte de mi masturbador,
aquello era un invento divino. -Ay si, ay si, que gran corrida, como me
corro, mirad cómo me corro. Daniel se sacó la polla, era una polla
magnífica.
Marta me dijo: -cómetela,
cómete la polla de mi marido, sabe a gloria, so puta, estás toda mojada
¿no te da vergüenza?, ¿no te da vergüenza ponernos así a todos, eh? Vas a
ir al infierno, puta, y Satanás te meterá su polla incandescente por toda
la eternidad. -Ay sí, dame tu polla, córrete en mi boca cabrón, mira como
follan a tu mujer, cabrón y fóllame la boca. Se la chupé a Daniel mientras
me corría. Fabián daba unos embites a Marta que cada vez movía el
masturbador más salvajemente, Daniel se corría en mi boca, me pellizcaba
los pezones, Fabián se corría dentro de Marta que deliraba: -Me quema tu
leche, cómo me quema, ay tu polla, me corro viva, ay apágame que me muero,
ay que placer... Entonces Marta en pleno orgasmo tiró del cachivache y
empezaron a salir las bolas de mi coño: -Disfruta zorra, sácalo todo, goza
puta. Me puse como una loca, se la mamé a Daniel mientra se corría, me
tragué todo su semen.
-¿Te gusta mi leche?
¿quieres ser mi puta? Toma, para ti, para ti toda, cómo te gusta, cómo te
gusta, te estás corriendo puta, cómo me pones, cómo la chupas zorra, ay me
corro, traga. Yo no podía parar de correrme, aún salían bolas de mi coño,
entonces Fabián me habló al oído: -Cómo te estás corriendo niña, cómo me
excita el olor de tu flujo, estás bella en plena corrida ¿te gusta el
regalo que te he hecho? Garantiza orgasmos de una hora, cómo me estás
poniendo niña, nunca te había visto así, tus pechos como piedras, tu coño
estremecido, chorreando, tu boca abierta, con semen todavía. Yo me corría
y me corría. Marta estaba masturbando con sus pechos a Daniel.
Fabián manipulaba el
masturbador de forma indescriptible. -Soy una puta ninfómana, me follo lo
que sea, mi coño se deshace, ay que puta soy, ay que cabrona soy, ay cómo
me estoy corriendo. Me restregaba el flujo de mi coño por las tetas, lo
chupaba, me chupaba yo. Fabián no paraba nunca y yo no quería que parara.
-Así niña, así, así me gusta verte, toda corrida, toda puta, tragándote tu
propio flujo, qué ganas tenía de verte así, quiero follarte desde siempre
y te voy a follar así, corriéndote viva, delirando en un mar de placer.
Fabián tiró del aparato y terminaron de salir todas las bolas, en pleno
éxtasis Fabián me metió su polla, creí morir, le besé la boca, nos
movíamos salv!
ajemente. -Toma niña, toma mi polla, para ti niña, para tu coñito, ¿te
gusta? ay qué coñito tienes niña, qué coñito para mi polla, toma niña.
-Dame tu leche Fabián, lléname con tu leche, córrete en mi coño que ya no
puedo más, me voy a morir de gusto, cómo deseaba tu polla Fabián, qué
ganas tenía de que me follaras, penétrame toda, quiero ser tu puta, cómeme
los pezones, aliviame, apágame, ay, ay... Nos unimos los cuatro en un
orgasmo salvaje. Desde entonces siempre llevo puesto mi Masturbador de
Oriente.
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